¿Qué encontrás en By Fotógrafos?
A dos fotografos, que disfrutan y aman su profesión.
Nosotros mismos os entrevistaremos, porque creemos que es muy importante conoceros, saber vuestros gustos y preferencias. Así, el día de la boda estaréis más relajados y los fotógrafos no serán unos desconocidos. Os acompañamos y retratamos todo lo que pasa durante el día de la celebración. Pero, no solo estaremos pendientes de vosotros, que por supuesto seréis los protagonistas, sino que también captaremos todo lo que os rodeará y las personas queridas que habéis escogido para que sean testigos de vuestro enlace.
Presentación personal.
Para contarles un poco de nosotros y nuestra filosofía de trabajo es imprescindible dedicarle unas líneas a explicar como hemos llegado hasta aquí.
Nos conocimos hace 9 años, cuando ya llevábamos un año dedicándonos a la fotografía de forma profesional. Nadie nace sabiendo y la experiencia es un grado, por lo que haber hecho un poco de todo en estos 10 años de experiencia, os aseguramos que es un aprendizaje totalmente necesario. La fotografía social, pese a lo que popularmente se cree, es una rama de la fotografía que requiere de una sensibilidad, rapidez y ductilidad importante, para saber cómo actuar ante cualquier situación o imprevisto, cosa que no pasa cuando se fotografía un bodegón de jamones, que ya no irán a ninguna parte…jeje! Lo cierto es que la fotografía nos unió, nos enamoró y ya nunca pudimos separarnos ni de una cosa, ni de la otra… ¡¡ya lo ven!!
Y fue así nació By Fotógrafos con la inmensa ilusión de hacer un tipo de fotografía cercana y artística, con un toque muy personal, lo que ahora todos llamamos “fotografía de autor” porque lleva nuestros nombres, estén escritos o no. Esos nombres son Mara Gilda Zorrilla y Diego Piacquadio, ¡mucho gusto!
La historia de Diego.
Aquí quiero contaros de nuestra historia o, por lo menos, la parte que nos trajo hasta la fotografía social. Mi relación con ella es como con tu compañera del colegio, que a los 11 años casi no te llama la atención y cuando vuelves a verla a los 25… ¡te enamoras!
En mi caso, la historia comienza con la curiosidad por esa cámara dentro de una funda de cuero marrón, que mi abuelo materno cedió. Estaba siempre en un armario en casa y cuando nadie me veía, la abría, la miraba, miraba a través de ella y pasaba el rato… los sábados por la tarde.
Para un cumpleaños le regalaron a mi hermano mayor una cámara nueva. Una minolta “sumergible” que usábamos en las vacaciones. Cuando empecé a ver esa cámara más tiempo dentro de un cajón que fuera, la fui tomando prestada para usarla, cerca o lejos del agua. La cámara siguiente fue tomada “prestada” a mi padre: una Yashica con un hermoso objetivo de 45 mm, que fue el paso previo a estudiar fotografía y a tomarme esto mas seriamente.
Había entonces un fotógrafo que trabajaba habitualmente en la sala de banquetes de mi tío (había hecho como su primera boda, la de mis padres, en el 70), que al saber que estaba estudiando me preguntaba que iba a hacer con la fotografía. Mi respuesta era que de fotografía social, ¡nada! ¡Nada de novios abrazando arbolitos! Así era yo en aquel momento y la fotografía social por supuesto, no me atraía. Tenía, los sábados por la tarde, otras cosas que hacer.
Un día, en una fiesta grande de la familia me invitó a usar una de sus cámaras para ayudarle a hacer las fotos de los invitados en las mesas y luego en el baile. Nikon fm2, flash de barra, y me dijo, si te molestan, no hagas caso, que después te vas a divertir. Así fue. Un poco de lo primero y mucho de lo segundo, un sábado por la tarde.
Mas adelante, otros sábados por la tarde, vi entonces que esa compañera del colegio había cambiado, que era atractiva y entonces, me enamoré. Esa compañera, la fotografía social, se había transformado en la oportunidad de compartir con la gente sus historias de amor, de familia, y de poder contarlas a través de las fotos.
A partir de allí, que sea la historia vivida por vosotros, contada por nosotros. Por eso by.


